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“Cuando me enfrento a un paso especialmente complicado, soy consciente de que puedo caerme, a pesar de estar asegurada con la cuerda. Luchas contra esa parte de tu conciencia que dice: no lo voy a conseguir. Debes dejar a un lado ese miedo que te limita y afrontar los retos paso a paso. Así fue como logré ascender con mi compañera Vicky Vega por la ruta «El Pilar del Cantábrico» hasta la cima del Naranjo de Bulnes. Fuimos la primera cordada femenina en conseguirlo. Esa ha sido hasta ahora mi experiencia más intensa. Cuando llegas a una cumbre, no significa que hayas vencido a la montaña, sino que has superado tus propios límites.”

“La escalada es como una danza vertical, una danza en la pared. Pero no hay una coreografía predeterminada. Aprendo los pasos a medida que asciendo. No hay límites para la creatividad. Lo que más me gusta es que empiezas a escalar y entras en una especie de trance, estás totalmente enfocada en lo que haces. Un ser humano puede procesar hasta 60 000 pensamientos al día. Pero en ese momento solo tienes uno: escalar”.

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