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Nací en Madrid en diciembre durante un invierno de los de antes. Hacía tanto frío que los copos de nieve preferían flotar en el aire a caer sobre el suelo helado. Los coloretes del pueblo adornaban mis redondas mejillas. Y la vida era sencilla, jugar a la guerra con manzanas desde la casa del árbol, adentrarme en las madrigueras de los zorros buscando gnomos o cabalgar a lomos de mi burro platero imaginándome ser un caballero. Rodeada de primos mayores que yo, a los que les encantaba hacerme perrerías. Siempre terminaba colgada de la barra de los chorizos, encerrada en la cabina del teléfono o muerta de risa tras una tortura china. Mis primas por el contrario preferían jugar conmigo a disfrazarme; fui india, princesa, gimnasta, y hasta una estrella del rock. Ellas me enseñaron canciones de amor que no entendía y a bailar pasodobles en las fiestas.

La primera vez que actué en público fue en un plató de Televisión Española. Tras pasar un casting multitudinario fui escogida para recitar un poema en directo. Tenía tres años y el programa, que presentaba Rosa León, se llamaba “Sopa de Gansos”. Mi padre lo grabo directamente de la tele con una cámara super8 y dejo pulsado el REC durante el inicio del siguiente, uno de los primero capítulos de “Al filo de lo imposible”. Después de ese día, cuando me preguntaban “¿qué quieres ser de mayor?” siempre he respondido lo mismo: “Quiero ser actriz y de hobby alpinista”.

Así que compaginaba mis estudios en un cole de monjas, con clases de clown e improvisación en la escuela de teatro Asura. Al llegar al instituto elegí letras puras, devoraba libros de poesía y filosofía. Gracias a Manuel, el profesor de teatro, mi inquietud hacía el arte aumentó. Llegaron a mis manos y a mi corazón las obras de Calderón de la Barca y Shakespeare. Pero necesitaba más, así que por las tardes asistía a teatro musical en la escuela del barrio. El latín me fascinaba y me empeñe en aprenderlo, aunque el mundo entero me dijera que no me serviría para nada.

Soñaba con grandes aventuras, así que con 17 años recién cumplidos me fui con dos amigas a recorrer Europa en tren. Íbamos con una mochila de colores y un radio cassette en la mano. En ese viaje aprendí más latín que en las clases. Y entendí que la escuela de la vida me iba a enseñar todo lo que no salía en los libros. Quería viajar, experimentar y conocer el mundo.

Entré en la Universidad Complutense, empujada por mis buenas notas en selectividad. Aproveche esa etapa para estudiar desde Teatro Griego a Historia del Cine. Hice prácticas en la radio, actué en cortos universitarios y formé parte del elenco del director Gregorio Cedillo del Teatro de la Facultad de Ciencias de la Información. Para pagarme la carrera de Periodismo tuve muchos y muy variados trabajos. Mi primer papel en el Teatro Real fue camarera de catering, entre bambalinas. En verano me iba a Ibiza a buscarme la vida. En la isla bonita fui gogo en el escaparate de una tienda, tatuadora de Henna y malabarista con cariocas de fuego. Y durante el año, todos los fines de semana me iba de gira de bailarina por toda España.

La moda llego a mi vida de forma casual. Pasarelas, revistas, fotos, cambios de look, videoclips. Trabajos divertidos, como desfilar para Agatha Ruiz de la Prada haciendo snowboard, hacerme fotos en Bikini en medio de los Alpes o cortarme el pelo en un desfile cruzando el Nilo. Deseaba tanto conocer Egipto que acepte porque, qué más da, el pelo crece. Pero después de ese día ya nunca más volví a llevarlo largo.

A la par, retomaba mi sueño de ser alpinista. Así que sin tradición familiar, sin conocer a nadie ni saber por dónde empezar, me apunte a un rocódromo. Para mi escalar siempre ha sido como una danza vertical, una clase diferente de arte. Y como se me daba bien, empecé a ganar competiciones y a soñar con escalar por todo el mundo. Así que durante dos años viajé por EEUU, recorrí 8 estados, 11.000 Km, en una furgoneta más hippie que el viento. Aprendí inglés y escalé en aquellas paredes míticas de mis sueños.

Por aquella época empecé a trabajar como actriz publicitaria y a vivir de lo que me apasionaba. Se abrió ante mí un camino de enseñanza, libertad y crecimiento. Los casting y los rodajes se fueron sucediendo como imágenes de una vida. Y aprendí a amar y valorar mi profesión. Pero mi inquietud me llevo a interesarme por transmitir con la voz. Así que decidí estudiar locución y doblaje. Esta formación me permitió trabajar de locutora para diferentes campañas publicitarias, y documentales.

Aunque siempre he intentado mantener el equilibrio entre mi pasión por escalar las bellas montañas de este planeta y mi profesión que alimenta mi alma de artista. A menudo mi pasión y mi profesión se han mezclado hasta tal punto que he confundido cual era cual. Fusione teatro con montaña, rompiendo mitos y esquemas al crear: “Las chicas son guerreras”. Tras unas duras pruebas físicas, entré a formar parte del Equipo Español Femenino de Alpinismo. Ser Deportista de Alto Rendimiento me requería entrenar duro y dedicarle la mayor parte de mi tiempo. Gracias a ello se me abrieron muchas puertas y cumplí muchos sueños infantiles, como protagonizar junto a mis compañeras “Al filo de lo Imposible”. Poco a poco iba cerrando círculos invisibles y otros nuevos se abrían ante mí.

Me fui a vivir a Chile, con la idea de seguir formándome, trabajar y escalar. Realice cursos de interpretación frente a cámara con reconocidos actores y directores chilenos. Trabajé en bonitos proyectos y retomé con más fuerza que nunca mi camino del artista. Y ese camino me llevo a la Patagonia, una tierra inhumana, salvaje y mineral, donde dar rienda suelta a mi imaginación. Mi búsqueda me convirtió en pionera, soy la primera mujer española en escalar la Torre Central de las Torres del Paine. Un amor platónico que materialice en mi primer documental: “Patagonia hasta la raíz”.

 

Con la convicción de que si sueñas a lo grande los sueños se cumplen.

Hoy sueño con seguir enfrentándome a nuevos retos como artista.

Por ello, nunca dejo de sembrar, aprender y sobre todo vivir con pasión.

 

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