Solicito tu permiso para obtener datos estadísticos de tu navegación en mi web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continuas navegando considero que aceptas el uso de cookies. OK | Más información

Al contemplar estas agujas una frase resuena en mi mente:

“Arte real en todo su esplendor”.

 

Los colores se mezclan y se funden con la roca. El verde lo abarca todo, un verde intenso casi radiactivo, un verde que solo se puede contemplar en las rocas graníticas de Galayos.

Torres y puntas recortan el cielo y se levantan majestuosas.

Un lugar ajeno al mundo, salvaje y atractivo.

Fisuras, diedros, chimeneas que te permiten escalar de forma limpia. Sin dejar rastro.

Mi parte salvaje está en consonancia con el entorno.

Para ser feliz no se necesita nada más.

Esto es Galayos, aquí la aventura está garantizada, la miras de frente en cada largo. Asumes riesgos, vibras y escalas.

Se celebran cumpleaños de amigos en el Refugio Victory, con gambas y con tarta. Se comparten sandias, alegrías e historias en el porche. Se juega por las paredes al escondite. Se celebran fiestas sorpresas en las cimas. Se hacen malabares con cintas y mosquetones. Se improvisan canciones en las fiestas nocturnas en el Refu con todo tipo de instrumentos. Se cuentan chistes sin gracia y con ella. Y por encima de todo, uno se siente como en casa.

Las noches aquí son más radiantes. Te tumbas al raso y contemplas un cielo no contaminado. Las estrellas fugaces de estos días no me dejan dormir. Son tan bellas y efímeras que no quiero cerrar los ojos. Y cada vez que veo una, pienso: “Una más, solo una más” Hasta que el cansancio me puede y me rindo al sueño.

Diez días escalando. Diez días compartiendo. Diez días recorriendo las agujas, los destrepes galayeros y las canales. Diez días descubriendo este laberinto de roca. Diez días disfrutando de cada largo, de cada paso, de cada cima.

He escalado un puñado de vías con las que soñaba, los primeros días con el equipo extremeño de alpinismo (Juanjo Cano, Ruben, Andros, Javi, Iñaki, Josu, Angel) y con Ibone: La Murma + la Norte al Torreón, los Viejos Rockeros al Gran Galayo, el Diedro Ayuso a la Punta María Luisa, la Fisura de los Malditos a la Punta Díaz-Rubio, Gerardo Rafa a la Punta Amezua, Espolón para Susana al Gran Galayo. Y los días de descanso, la Oeste al pequeño Galayo y la travesía secreta a la fiesta de la María Luisa.

La última semana tuve la suerte de mostrar mi amor por Galayos a mi amiga Blanca y a my friend Tom, escalando con ellos las hermosas  clásicas: Escaladores de la noche al Pequeño Galayo, Underground Malagón al Torreón y La vía de las Tormentas en las Berroqueras.

Si sigues las pisadas de un extraño verás cosas que jamás soñaste ver.

Gracias a David Bautista, Tomas y los amigos galayeros, por la mágica travesía secreta.

Estoy trepando, libre de ataduras, concentrada, tranquila, en equilibrio. Sintiendo en cada fibra de mi ser la verticalidad y la altura. Mi cuerpo está hecho para esto, para estos caminos rocosos. Mis manos se agarran  las rocas con firmeza y suavidad. Mis pies bailan una coreografía durante años ensayada.

Mi mente vuela con el viento y no deseo bajarme nunca de aquí. Experimento sensaciones nuevas, mi mente está abierta al igual que mis sentidos.

 Entiendo muchas cosas por primera vez.

Hago las paces con mi destino.

Me siento como una niña pequeña descubriendo el mundo, a escondidas y en silencio jugando con el vacío, riendo, compartiendo, haciendo cosas prohibidas, sintiéndome viva.

Pin It on Pinterest

A %d blogueros les gusta esto: